El jardín de infantes: consejos para padres

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A un mes de que comiencen las clases, muchos padres se ven en la ardua tarea de encontrar un jardín de infantes apropiado para sus hijos. Ya quedan lejos los tiempos en que la gente consideraba que esta etapa no era necesaria en la vida de los niños.

Sin embargo, aún se despiertan dudas sobre este período de dos o tres años de duración. ¿Qué aprenden nuestros hijos? ¿Qué beneficios les trae el asistir a clase siendo tan pequeños? Y como no, ¿cómo superar los miedos que los niños tienen ante algo desconocido?

¿Qué aprenderá mi hijo en un jardín de infantes?

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Como bien explican Denise Schipani e Ilisa Cohen de American Baby, según las edades, hay unos determinados aprendizajes programados.

A los dos años, los niños no estarán frente a enseñanzas puramente académicas, sino que más bien se irán acostumbrando a la experiencia de pertenecer a un grupo -compartir juguetes, pedir el turno, hacer amigos, desarrollar el lenguaje y ayudarlos a una futura alfabetización-, así como también ganar en desarrollo motriz, enseñándoles cosas tan simples como a lavarse las manos, ir al baño, etcétera.

Con tres años, los niños disfrutan del tiempo con sus amigos, por lo que en los jardines de infantes se suele tener gran cantidad de tiempo libre dedicado a juegos que desarrollen sus sentidos e imaginación. Se comienza a desarrollar la lectoescritura, la conciencia de los números y de contar, y el hecho de poder realizar tareas por uno mismo.

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Los cuatro y cinco años son, para muchos, la preparación para la escuela, aunque en los últimos años se ha notado que este último año equivale al primer año escolar de una generación atrás. Sin dejar de ser niños, se los comienza a formar académicamente.

Si bien algunos ya escribirán, lo normal es que sepan reconocer los sonidos de las letras, que se escribe de izquierda a derecha o cómo se forman algunas letras. Además, aprenderán normas más firmes de comportamiento, que los prepararán para el futuro.

Los miedos de los niños

Hay que usar la lógica y no desesperarse ante un llanto en la puerta del jardín de infantes. Recordarle al niño que más tarde se verán, planificar actividades para ese momento, y a la hora del encuentro, no recordar el mal trago anterior sino pedirle que cuente hechos divertidos del tiempo en el jardín.

El temor a una mala maestra se supera diciéndole al niño que está allí para cuidarlo, jugar con él, enseñarle, que las normas impuestas en el jardín de infantes son iguales que en casa. A medida que van creciendo, evitar que se sientan presionados por las cosas que deben aprender.

La transición

Se recomienda que durante el verano previo al primer año de preescolar se lleven a cabo actividades de transición para que el niño no sufra. Llevarlo hacia el jardín de infantes, para que se vaya acostumbrando a la edificación, o comenzando a hacer actividades similares a las que llevará a cabo, son buenas maneras de que el pequeño se vaya acostumbrando.

¿Cómo fue tu experiencia del jardín de infantes? ¿Qué importancia le das a estos primeros pasos académicos?

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